Carles Casajuana, “Las leyes del castillo. Nota sobre el poder”, Península, Barcelona, 2014

Con un amplio bagaje de lecturas sobre el poder, que acredita sobradamente en sus páginas, así como con una larga experiencia diplomática y bastante menor en los aledaños del ejercicio del poder, el autor aborda uno de los temas más difíciles a los que se enfrenta cualquier ensayista: el análisis del poder y de los políticos (o de “la clase política”, de la que hablara Mosca).

El libro comienza muy bien, con un capítulo sugerente sobre “La ecología del castillo”, buena metáfora. Para sobrevivir en el castillo la cualidad más necesaria no es la competencia profesional, sino la fortaleza emocional, así como el sentido del humor. Buen arranque. El capítulo del espectáculo y los paralelismos entre un actor y un político también puede ser calificado de sobresaliente. Sin embargo, algunas sombras planean sobre un discurso fresco y vivo, que mantiene la atención del lector siempre despierta. Me ha parecido epidérmico, por ejemplo, el tratamiento de la toma de decisiones y de los nombramientos; cargados ambos capítulos de un enfoque de relativismo moral y de falta de perspectiva o mirada estratégica, males que al parecer aquejan a nuestra clase política (¿la vieja o también la nueva?). Poder chato.

¡Pobre política! La que sale de tal retrato. Ayuna de virtudes y plena de defectos. Con otra factura, me recuerda en su resultado al “Breviario de los políticos” del Cardenal Mazarino, aunque este libro contiene consejos y la obra de Casajuana descripciones, pero en el retrato de lo que es la política y el medio (el ecosistema) en la que se desenvuelve hay ciertas similitudes.

Tampoco el análisis de la corrupción es muy convincente. La integridad o la falta de ella se despacha con la cita de Lucano (“De la corte salga quien quiera ser honrado”) y con la sumaria apreciación de que “es muy difícil manejar el poder sin mancharse las manos”. Combinar ética con ejercicio del poder parece, por tanto, tarea imposible.

Libro de lectura amena, de ensayo ligero (“periodístico”), muy bien escrito y con una selección de citas que, a mi juicio, es lo mejor de la obra, Por lo demás, no se le “pidan peras al olmo”. El autor es sincero con el lector desde sus inicios, el libro no tiene pretensiones especiales, es fruto de sus múltiples lecturas, de su experiencia como embajador y de su paso por La Moncloa en calidad de “fontanero”. Este último dato tal vez sesga en exceso su contenido y le hace perder un tratamiento más global de una cuestión difícil por si misma de analizar con rigor. Aunque veladamente lo expone en algún pasaje del libro, hay también otra forma de hacer política. También sugiere, incidentalmente, que hay algunos políticos serios, honestos y que piensan más allá de la pura contingencia. Por el bien de todos.

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