En busca de una definición de Gobierno Electrónico

El término Gobierno Electrónico ya resulta dialécticamente una aberración. No podemos coincidir en que el Gobierno es ejercido mágicamente por los propios medios o instrumentos electrónicos, sino por las personas o individuos electas democráticamente para ejercer el poder de gobernar en representación del colectivo de ciudadanos.

No obstante estas precisiones, casi todos entendemos de qué hablamos o a qué nos referimos al decir Gobierno Electrónico, ¿o no?.

Sólo para tomar algunos ejemplos, la “Carta Iberoamericana de Gobierno Electrónico”, firmada allá por junio de 2007, expresa que Gobierno Electrónico es “el uso de las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) en los órganos de la Administración Pública.”, sin dudas una de las definiciones más tontas que he leído. Se trata de, como hay muchas otras, una definición centrada en las tecnologías y no en la gestión o actos de gobierno y su relación con esas tecnologías, que muchas veces vemos como panacea.

La colectivista Wikipedia nos brinda otra definición incorrecta, nos dice que es “el uso de las tecnologías de la información y la comunicación en los procesos internos de gobierno, así como en la entrega de los productos y servicios del Estado tanto a los ciudadanos como a la industria.”

Naciones Unidas hace un mejor intento y define al Gobierno Electrónico como “el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), por parte del Estado, para brindar servicios e información a los ciudadanos, aumentar la eficacia y eficiencia de la gestión pública, e incrementar sustantivamente la transparencia del sector público y la participación ciudadana.” Igualmente debemos concluir que sigue siendo una definición con sabor a poco.

Y así llegamos a la Organización de los Estados Americanos, ésta lo define como “la aplicación de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) al funcionamiento del sector público, con el objetivo de incrementar la eficiencia, la transparencia y la participación ciudadana.”

Podemos irnos al Banco Mundial, el cual define Gobierno Electrónico como “la utilización por los organismos gubernamentales de las tecnologías de la información (por ejemplo, redes WAN, Internet y la informática móvil) que tienen la capacidad de transformar las relaciones con los ciudadanos, empresas y otras ramas del gobierno”.

Y así nos vamos aproximando a una definición más certera, menos tecnicista y más gubernamental, allí está el punto clave del problema de definir este abstracto digital. No obstante, seguimos lejanos a ensayar una definición apropiada.

Aun sin lograr consensuar una definición sobre Gobierno Electrónico, algunos han cambiado la “moda” y comenzado a hablar de “Gobierno Digital”, un uso idiomático motivado por preferencias terminológicas y una suerte de intento de aggiornamiento conceptual que en el fondo no acompaña un entendimiento claro. Es como pasar del Departamento de Mecanizada o Computacional de los 70 hasta los 80 al Departamento de Sistemas de fines de los 90.

Seguimos equivocando el rumbo de hacer del concepto algo claro a la hora de expresarlo, porque, valga la paradoja, seguramente muchos de nosotros somos capaces de describir o explicitar el alcance de la definición de Gobierno Electrónico/Digital de manera correcta.

Curiosamente explorando documentos de la Organización de los Estados Americanos, descubrimos una definición, además de la que ya vimos sobre Gobierno electrónico, referida a Gobierno Digital (http://goo.gl/VQ3iEz) “La estrategia del Gobierno Digital tiene como objetivo aprovechar al máximo el uso de las tecnologías de información y de comunicaciones en el funcionamiento de las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal (APF), para agilizar los trámites que realizan los ciudadanos, coadyuvar a transparentar la función pública, elevar la calidad de los servicios gubernamentales y, en su caso, detectar con oportunidad prácticas de corrupción al interior de las instituciones públicas.”

Esta definición peca de descriptiva enunciativa, dejando muchos aspectos fuera de ella, respecto a la gestión de gobierno.

El Gobierno de México no distingue ambos términos, y electrónico y digital son por igual tratados y así lo expresa, entonces nos acerca esta definición de qué el Gobierno Digital es “el “aprovechamiento de las tecnologías de la información y comunicaciones (TIC) en la mejora de la gestión interna de la administración pública para otorgar mejores servicios, facilitar el acceso a la información, la rendición de cuentas, la transparencia y fortalecer la participación ciudadana.”

Una definición conceptualmente más acertada que muchas, pero aún muy tecnicista.

En definitiva gobierno electrónico, casi podemos estar todos de acuerdo, implica una  transformación tanto de los procesos, procedimientos, así como de las propias estructuras organizacionales de las entidades públicas. En este contexto las TIC son el ingrediente relevante para conseguir dichas transformaciones.

Pero, si de transformaciones hablamos, no sólo las tecnologías de la información y la comunicación pueden lograr cambios en los procesos, procedimientos y demás. Es entonces que debemos precisar mejor la puntería al determinar cómo las tecnologías impactan de manera diferencial a otros factores que por igual inciden en cambios como los enunciados.

Por otro lado, cuando nos referimos a transformaciones o cambios, lo hacemos de manera positiva, es este otro elemento dinamizador propio de las tecnologías cuando son correctamente introducidas a la operativa y gestión de las organizaciones, en este caso públicas.

Concluyendo otro ángulo de la exploración hacia una definición, nos encontramos que las transformaciones deben ser tanto hacia la interna como hacia la proyección de servicios a la ciudadanía, en definitiva si puedo transformar un Gobierno para hacerlo mejor en su desenvolvimiento interno pero continuamos con la mediocridad en atención al ciudadano, no habremos logrado nada. (Aunque resulta difícil mejorar internamente sin que parte de esa mejora transpire hacia lo que se proyecta hacia afuera).

Cuando un Gobierno se virtualiza hablamos del empleo de la tecnología en red, impactando en nuevas formas de organización, transformando la actividad de las diferentes dependencias públicas en actuaciones virtualizadas, digitalizadas. El Gobierno pasa a actuar mayormente en base a redes de interoperabilidad, estas redes operan para sí, pero también entre los demás sectores de la sociedad (empresas, academia, industria, agremiaciones, colectivos organizados, etc.)

Esta virtualización y actuar sobre redes de relacionamiento, introduce nuevas formas de gestión necesariamente aggiornadas. Las formas legadas perimidas ya no son eficientes, los moldes se rompen o de lo contrario se superpondrán modelos virtualizados de gestión sobre modelos caducos y burocráticos, en este escenario, un gobierno fracasa en todo intento de llevar adelante estrategias de Gobierno Electrónico o Digital.

Hoy, frente a un Gobierno Electrónico, nos encontramos ante un modelo posburocracia, al igual que la era posindustrial, seguimos pisando sobre esquemas y modelos de otros tiempos, ineficientes y perecederos.  Esto no impide que sigan siendo los prevalecientes, contrariamente a lo que puede pensarse, la implementación de estrategias de Gobierno Electrónico, siguen dependiendo en gran medida, de la voluntad de “gerontosaurios” ideológicos que aún siguen al frente de esa burocracia en extinción. Pegados a sus sillones, se niegan a ver lo inevitable y siguen haciéndonos presos de un perverso juego de “parezco pero no soy”. La abstracción del concepto de Gobierno Electrónico resulta ineficiente contra las estructuras tangibles de la burocracia de otrora, las iniciativas virtuales no son capaces de cambiar las estructuras organizacionales o mentales si no media voluntad de parte de los actores.

Comenzando a estrechar las conceptualizaciones, no es posible imaginar Gobierno Electrónico como una visión tecnicista tal lo ya mencionado, las TIC no son el centro de las transformaciones si bien es claro que debemos referirnos a ellas como el facilitador de las mismas de una manera disruptiva a la vez que positiva. El Gobierno Electrónico tiene como base el ciudadano y la gestión de la cosa pública en función a una mejor consideración del ciudadano como punto central de toda estrategia gubernamental.

Este epicentro del ciudadano debe ser entendido incluso en la perspectiva de estrategias internas, pues en definitiva, hasta la adquisición de una nueva grapadora está directamente relacionada con impactar al final de un proceso o procedimiento, en una mejora hacia el ciudadano. Tal vez se me dirá que es extremo este vínculo a la distancia, pero entiendo que es parte de un cambio de paradigma mental en el actuar de cada funcionario público a todos los niveles.

En resumen, se está aún muy lejos de una definición, a mi entender, correcta de Gobierno Electrónico, Digital o cómo se prefiera denominarlo atento a las modas y modos del momento. Hablamos de la apropiación de las tecnologías de la información y la comunicación, en procesos transformacionales de la gestión pública, pero hablamos también de agregar valor en esas transformaciones y hacerlo de manera eficiente, con el ciudadano como factor clave y receptor de todo resultado beneficioso en dichas transformaciones.

Arriesgando una definición, siempre perfectible, me atrevo a casi desvariar que Gobierno Digital es una nueva forma de organización y gestión de la cosa pública, introduciendo procesos transformacionales positivos en dicha gestión y la propia estructura organizacional, agregando valor público a los procedimientos y servicios brindados, todo ello a través de la introducción y apropiación continua de las tecnologías de la información y la comunicación como facilitador de dichas transformaciones.

Pueden ustedes compartir o no la definición que he arriesgado, pero sin dudas todos coincidiremos que hemos dado un paso más para acercarnos a comprender de manera correcta la abstracción del Gobierno Electrónico, el concepto detrás esta idea y alejarnos del facilismos de ver la definición como un simple “uso” de tecnología. Al igual que en todos los órdenes sociales y económicos, la tecnología no constituye fin último de absolutamente nada, se trata de un instrumento valioso, de una herramienta capaz de coagular estrategias que de otra manera sería imposible, hace realizable proyectos, procesos y acciones de forma rápida, eficiente y auditables, es un medio de realización.

Por último, respecto a lo electrónico y digital, entiendo que el concepto debe adoptar el término “digital” en tanto la técnica histórica ha evolucionado, donde lo electrónico conlleva una carga ideológica en el imaginario colectivo referido a la era pos guerra, donde el uso generalizado era de aquello “electro-mecánico” de los artefactos de los 60 y 70 cuando se popularizaron los avances en materia tecnológica.

La “digitalización” de los medios de comunicación es en sí lo que posibilitó el desarrollo del Gobierno Digital, algo inimaginable sobre las viejas redes de telex, telégrafo, telefonía análoga, etc.

En tanto el análisis realizado y la definición construida, aun quedará en el tintero la aberración dialéctica que conlleva la idea de un Gobierno Electrónico o Digital, salvo el día en que la técnica nos gobierne, siempre que esto pueda ser posible. Al mejor estilo de la película “Matrix” o la novela “1984”, la idea subyace en el imaginario colectivo ya no sólo de los futurólogos, sino de inmensos colectivos muy diferentes entre los ciudadanos. Nosotros seguimos expectantes y un tanto incrédulos de la real posibilidad que así suceda. Mientras tanto el Gobierno Digital seguirá siendo ese seudo consensuado ideario de imaginarios que casi todos nos animamos a listar pero detrás de un concepto que no hemos sabido definir claramente.

Mauro D. Ríos.-

0 Comentarios
  1. Mauro propone una revisión de la definición de Gobierno Electrónico. Obviamente le preocupan las definiciones y por ello no le parece la de la Carta del CLAD del 2007. Como uno de los autores y firmantes de dicho documento, quiero indicarle al estimado colega que en las ciencias sociales, progresamos no con base en definiciones sino construyendo conceptos. Los diccionarios, esas cosas raras que amontonan palabras, se arriesgan a las definiciones, pero no se construye conocimiento con diccionarios. Por ello, no encuentra “una” definición que le convenza. Lamento Mauro decirle que cuando la encuentre, ya no será válida. Porque el concepto de gobierno electrónico está vivo en la conceptualizacion de las TICs, en la visión de una gestión pública moderna y democrática y pretender congelar las ideas es como pedirle a la tierra que deje de rotar. Pero aprecio y valoro el esfuerzo del profesor Rios que ha contribuido a aclarar y construir conceptos e ideas. Saludos

  2. Autor
    Mauro D. Rios 4 años hace

    Estimado Marco

    Muchas gracias por tus sinceros comentarios.

    Mi intención con las observaciones a la Carta del CLAD del 2007, no refiere al espíritu de la definición, ni mucho menos a la valía del documento en general, sino al error del “sujeto” empleado en dicha definición, donde en realidad es un “predicado” (ausente) el que debería tener la relevancia omitida. Dicho de otra forma, la definición dada es una simplificación mal orientada hacia la técnica, a la tecnología y su uso como foco (error en la mayoría de las definiciones que pululan). Ambas cosas equivocada a mi humilde entender.

    Comenzar a entender el Gobierno Electrónico partiendo de una aseveración respecto al uso de TIC en las Administración Pública como panacea, carece de sentido en la búsqueda de una mejora de gestión.

    El uso de las TIC no se traduce por sí en mejora alguna en hacer de nuestras Administraciones Pública ni más eficientes ni con mejor gestión, por consiguiente tampoco en una mejor provisión de servicios a la ciudadanía.

    Los objetivos en el universo TIC, siempre deben ser los beneficios no los medios. En este caso un Gobierno de ninguna manera evolucionará a un forma de Gobierno vía medios Electrónicos por el mero hecho de incorporar tecnología; así como, en otro ámbito, la educación NO mejora por proveer de computadoras a educandos y educadores. Deben mediar otros factores.

    Una Administración saturada de redes de datos y computadoras, en función a esta definición dada en la Carta, sería Gobierno Electrónico, cuando en realidad sólo se transformaría en un cambio de equipamiento e infraestructura, descartando las viejas “Olivetti” por PC y Tablet, descartando las carpetas y documetación transmitida por gavetas por e-mails, etc.

    En este sentido expresé mis observaciones.

    Por último, debo discrepar en tanto la definición arriesgada en mi texto es de carácter perenne, no se ve afectada por los cambios que puedan sucederse en las TIC ni las redes de datos, acertada o no, coincidiendo con ella o no, sobrevivirá el tiempo.

    un cordial saludo,

    Mauro.-

     

     

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