La educación de hoy: Un modelo no preparado para la distancia, aún.

Co-autores

A.S/A.M Mauro D. Ríos. – Universidad de la República (Uruguay)
Dra. Ruth Toro. – Universidad Peruana Simón Bolívar (Perú)

Abstract (Artículo en español a continuación)

The construct “Education” has different meanings that go from the general, covering a set of principles, conceptual and practical factors or procedures that we understand as System, to the particular, that includes curricular contents or the planning of classroom activities. For this reason, to understand the hermeneutics of this document, it should be pointed out that education in all its dimensions, from the axiological, philosophical and methodological point of view, still responds to a historical paradigm of the industrial revolution, that of mass production and serial, where it was expected that the behavior of the individuals was the same and the disciplinary regime marked the educational model of that time and that is still in force.

However, each society, throughout history, has assumed models or variations of these, that attend to their political, economic, social and cultural particularities, this determines the profile of the graduates of the educational systems. These educational systems must, or should have been, evaluated and qualified by international standards. Now, getting into the Western context, particularly Latin America, reality shows that there are still many weaknesses in the foundations of education. This analysis will be developed throughout this document.

On the other hand, it is true that there are errors in the design, planning and execution of the curricula, particularly in Distance Education because even teachers and administrators of virtual spaces lack the adequate preparation and correct understanding of the educational model that it is intended to assist with innovative distance learning platforms, the so-called Learning Management Systems (LMS), and other denominations, so it is unlikely that these tools and digital tools are effective for this purpose.

Resumen

El constructo “Educación” tiene diversas acepciones que van desde lo general, cubriendo un conjunto de principios, factores conceptuales y prácticas o procedimientos que entendemos como Sistema, hasta lo particular, que aborda contenidos curriculares o la planificación de actividades de aula (clase). Por esta razón, para entender la hermenéutica de este documento, conviene precisar que la educación en todas sus dimensiones, desde lo axiológico, filosófico y metodológico responde aún hoy en día, a un paradigma histórico de la revolución industrial de producción masiva y seriada donde se esperaba que el comportamiento de los individuos fuese el mismo y el régimen disciplinario marcó el modelo educativo de entonces y que aún es vigente.

Sin embargo, cada sociedad, a lo largo de la Historia, ha asumido modelos o matices de éstos, que atienden a sus particularidades políticas, económicas, sociales y culturales, esto determina el perfil de los egresados de los sistemas educativos que han sido, o debieron ser, calificados y cualificados por estándares internacionales. Ahora bien, adentrándonos en el contexto occidental y particularmente Latinoamérica, la realidad evidenciada todavía reporta debilidades en los cimientos de la educación, mismo que abordaremos a lo largo de este análisis.

Por otro lado, se evidencian errores en el diseño, planificación y ejecución de los currículos, particularmente en la Educación a Distancia porque aún los docentes, administradores de los espacios virtuales, se encuentran sin la preparación adecuada y el entendimiento cierto del modelo educativo que se pretende asistir con innovadoras plataformas de educación a distancia, los llamados Sistemas de Gestión del Aprendizaje (LMS por sus siglas en inglés), y otras denominaciones, es así que resulta poco probable que éstas herramientas e instrumentos digitales, sean efectivos a tales efectos.

Una mirada retrospectiva de la naturaleza de nuestra educación

Todo comienza en Prusia, más allá de aquellas suposiciones de conspiraciones y sociedades secretas, existe una que se vuelve real en la historia y en la documentación recogida. Un plan simple, tanto como su consigna, la dominación de las masas a través de la manipulación de la educación básica.

A mediados del siglo XVIII, extendiéndose hasta principios del siglo XIX; Federico I, estaba obsesionado con conformar un ejército sumiso, obediente, sin cuestionamientos. Su ejército por entonces era uno de los contingentes a los que mayores recursos se le dedicaban. En su mayoría estaba integrado por analfabetos, una suerte de siervos ignorantes pero muy serviles, por supuesto que muy preparados para las armas más no para interpretar órdenes.

La idea de un ejército eficiente pero formado, a efectos de mejorar la gestión del mismo en el campo de batalla, llegaría hasta tiempos de Federico II, quién finalmente logra conjugar estas ideas con la educación.

Federico II instaura la idea educativa que llegaría a ser un modelo avanzado de educación, donde se debía suprimir la individualidad, los soldados deberían comportarse como un conjunto cohesionado, obedecer y hacerlo como un organismo vivo único. Para lograr esto era necesario introducir estas ideas desde la educación más básica pues, entonces casi como ahora, el destino de los ciudadanos, estaba predefinido desde edad temprana. El oficio de ser soldado era muy apreciado y su formación debía iniciar con la maduración del hombre cuando fuera niño.

Esta supresión del individualismo llevaba implícita otra idea perniciosa, el reaccionar como unidad, como grupo obediente, implicaba no razonar, no cuestionar, sólo obedecer.

Pero lo que parecía una buena teoría, resultaría en un eslabón débil en la batalla; Napoleón Bonaparte aprovechó la intrusión de los soldados prusianos para derrotarlos, soldados que carecían de iniciativa propia, soldados que al ausentarse los generales (muertos o capturados) se transformaban en un grupo dócil de tontos. Mentes carentes de ideas propias, sin capacidad de improvisación, al decir de Sir Ken Robinson, la educación les había suprimido la imaginación.

Rápidamente surgen mejoras sobre el modelo prusiano, aparece en escena Heinrich Friedrich Karl Reichsfreiherr, político y reformador de Prusia, entre innumerables mejoras a distintos aspectos de la gestión gubernamental, avanza sobre el modelo hasta convertirlo en lo que hoy conocemos como el proceso de escolaridad.

Este modelo resultaría ser tan exitoso que Prusia, que fue reconocido como un país instruido en tiempos donde el analfabetismo era la norma en el mundo, claro que la instrucción no significa progreso, mucho menos goce de libertades en una nación, porque el punto clave no es la educación, sino el modelo adoptado y que resulte de los contenidos en el currículo a implementar. Aquí es donde se traza una línea muy delgada y una zona gris entre educación y adoctrinamiento. Y para este último, muchos gobiernos han sabido utilizar este modelo con preocupante éxito, y es en la Latinoamérica donde los totalitarismos y los populismos mejor han sabido hacer uso del modelo educativo para adoctrinar, a veces sutilmente a lo largo de años y otras veces de manera más impetuosa y a corto plazo.

Volviendo al modelo mejorado de Heinrich Friedrich Karl Reichsfreiherr, el éxito llegó a toda Europa y avanza hasta la Revolución Industrial, un punto de inflexión para el mundo occidental, se quebraba un paradigma como lo era la idea del trabajo heredado y la formación como alternativa secundaria en la planificación de vida de los ciudadanos. La educación pasó a ser una necesidad imperiosa, era preciso obtener rápidamente mano de obra calificada y personas con conocimientos básicamente matemáticos para gestionar financieramente las empresas, las industrias.

El modelo prusiano, con sus avances y mejoras, fue la respuesta precisa, se amoldaba exactamente a los requerimientos que urgían. Es así que el modelo viaja sobre el océano y llega a América, donde se implementa en casi la totalidad de países democráticos republicanos.

Entre las supuestas bondades, en América coincidieron con las ideas de raíz prusiana sobre el hecho de que era necesario que todos los niños concurrieran a la escuela, que la educación debía ser evolutiva en dificultades y estos niveles debían ser superados paso a paso, y finalmente que la preparación era una sistematización similar a la producción en cadena de Henry Ford, donde se amoldaba a los alumnos en un producto final tendiendo a ser igual o similar. Y con beneplácito la población aceptaría las bondades de que dicha educación debía ser gratuita.

Esta aceptación dio lugar a la masificación de un modelo pernicioso que llega hasta nuestros días, donde ha recibido varios intentos de cambio, pero sin afectar las raíces, entonces resulta imposible un reemplazo de modelo a nuevas y disruptivas maneras y modos de educación más eficientes, actuales y sobre todo que fomenten la creatividad, la innovación, el pensamiento crítico, la autodeterminación del conocimiento a adquirir.

No hay dudas que en el mundo existen varios reductos educativos donde se desarrollan espacios innovadores, pedagógicamente libres, donde educadores y educandos mantienen una relación abierta al cuestionamiento, donde el conocimiento no es tratado como una verdad revelada y absoluta, allí donde el aula es un ambiente amigable, promotor de desarrollo humano que se respeta pero a la vez se lo ve como un entorno predispuesto al cambio, a las mejoras. Lamentablemente estos espacios están sobre los hombros de personas visionarias y no de las orientaciones educativas de instituciones relevantes como los sistemas educativos gubernamentales.
Escuelas modelos, centros de estudios por fuera de los sistemas formales, hacen sendos intentos por permear el modelo educativo imperante, muchas veces logran introducir ideas que mitigan las falencias del modelo, otras veces son escuchados pero sin resultados. Y a veces, sólo a veces, logran un cambio significativo.

El Estado del Arte de la distancia en la educación

Para nadie es un secreto que los modelo educativos imperantes en muchas instituciones latinoamericanas que ofertan sus estudios de pregrado, postgrado y extensión, aún presentan falencias en metodologías de planificación, implementación de la clase, preparación de contenidos y evaluación desde la perspectiva didáctica y mucho menos existe una andragogía apropiada para una población latina adulta y poblaciones envejecidas, que permita siquiera pensar en migrar a la modalidad E-Learning en otros sistemas educativos.

Básicamente esto no es un defecto sino fruto de una época fuera de línea, y donde las prácticas de educación a distancia pre-Internet nunca supieron permear con éxito el estatus quo, por lo cual, esta tarea conlleva cambios desde varios puntos de vista, comenzando por las prácticas educativas de los docentes, hasta la del diseño de las actividades de aula, el uso de herramientas informáticas y, los formatos andragógicos de supervisión y seguimiento de los educandos.

Las redes de datos, principalmente Internet en todas sus formas de accesarse, son vistas como una oportunidad de mitigar las desigualdades sociales, propender a la equidad en dicho acceso y construir puentes de conocimiento que se apropien los ciudadanos y faciliten el desarrollo personal. Esta visión tan quimérica que en su implementación en algunos escenarios ha sido equivocada, generalmente, va de la mano de una desacertada conclusión y es la de pretender que la tecnología es la panacea para efectivamente lograr estas metas.

Es así que la educación no es ajena a estas perspectivas y el modelo se ve cuestionado desde esquinas difusas donde esta tecnología trata de manera fútil, lograr cambiarlo sin mayores éxitos.

La introducción de herramientas informáticas en la educación y por supuesto en las aulas, no puede sino ser a través de un cambio del modelo educativo desde sus cimientos. Y es por tanto que la educación a distancia, una modalidad que ha demostrado ser exitosa, que lucha desde hace décadas con menguados aciertos. Por esta razón, si no se afecta el modelo para dar cabida a esta modalidad de formación y las plataformas respectivas, sólo se estará replicando, con ciertos factores innovadores, el propio modelo, por ende debemos dar un paso atrás y partir desde la concepción misma del sistema educativo y la relación educador-educando que buscamos.

Actualmente existe una gran proliferación de propuestas e iniciativas de educación a distancia, casi sin excepciones, todas se basan en diferentes plataformas tecnológicas, podemos llamarlos Sistemas de Gestión de Aprendizaje, Plataformas de Teleformación, Plataformas de e-Learning, etc., realmente el nombre o la etiqueta es sólo fruto del marketing y podemos adoptar la que mejor nos suene y si lo mencionas es inglés, hasta parece que realmente son mejores.
Es claro que la mayoría está basada en la cognición, cumplen con ciertos requerimientos epistemológicos, y ofrecen sendas opciones que cubren muchas de las necesidades de los docentes en esa relación distante que entablarán con sus alumnos.

No hay un acuerdo en la delimitación de lo que debe hacer una de estas plataformas, y por tanto muchas veces se incluyen o proponen como reemplazo, las herramientas colaborativas clásicas.

El problema, muchas veces, no es la herramienta tecnológica, sino su uso, en este caso resulta relevante la construcción de los contenidos desarrollados para incorporarse en dichas plataformas. Y aquí abordamos otro problema, el desarrollo de contenidos que muchas veces termina por transformar una plataforma en un mero repositorio de documentos para atender un currículo de educación a distancia.

Estas plataformas virtuales, resultan en mucho más que simples bibliotecas o escaparates, colocar una presentación con slides no es la mejor manera de aprovecharlas, sus funcionalidades en mayor medida son flexibles, adaptables y cubren las necesidades de una buena planificación de clase, aun cuando se trate de autoformación.
Un punto clave de estas plataformas son los dispares criterios para diseñar y exigir indicadores de calidad. Por otro lado y como se ha mencionado, la eficiencia pedagógica de estas herramientas no siempre ha estado desde su concepción y los resultados finales suelen ser plataformas muy nutridas de funciones, grandes capacidades de adaptación, pero sin indicadores objetivos que demuestren que se ajustan a una visión de transformación del modelo, siguiendo las tendencias generales, aquellas que cuestionan el legado educativo y tratan de derribar la formación de autómatas o miméticos educandos, para dar paso al desarrollo personal de éstos, motivando su imaginación, la innovación, el pensamiento lateral, formar personas disruptivas y sobre todo adaptables con herramientas intelectuales que les permitan sobrevivir en un mundo que ya no es estanco en sus profesiones. Hoy estamos superviviendo en una realidad líquida que debemos asumir como permanente, tanto como permanente es el cambio constante.

De la función a la aplicación

Existen innumerables evaluaciones de plataformas de educación a distancia, casi a diario vemos una nueva, desde las más sencillas realizadas por algún portal de tecnología, otras hechas en blogs y existen las realizadas por especialistas, ya sea técnicos como del ámbito educativo.

Este escenario nos da como resultado que es complejo y difícil llegar a una conclusión clara sobre qué plataforma es la más conveniente. Pero podemos ir más allá, muchas veces se está pensando en una plataforma cuando en realidad las necesidades pueden ser satisfechas con herramientas colaborativas en línea, sin necesidad del uso de una de estas plataformas.

La impericia, por decirle de alguna forma, de quienes deben determinar las necesidades en una instancia de difusión, capacitación, seminario, conferencia o taller, radica por lo general en una tendencia hacia suponer que si se debe comunicar con elementos multimedia, es decir audio, video, imagen (presentación) o documentos, lo mejor es una plataforma de educación a distancia. En la mayoría de los casos uno termina asistiendo a una actividad donde se reúnen entre 5 a 15 personas. Número perfectamente manejable desde herramientas colaborativas.

Es entonces que sería oportuno recoger la recomendación de analizar cuidadosamente qué es lo que se necesita antes de complejizar una instancia remota con un grupo de personas que no tendrán tiempo de completar la curva de aprendizaje de una plataforma, pero son ávidos usuarios de herramientas colaborativas. Y luego de todas estas consideraciones aún no llegamos a lo primordial, y es si realmente la instancia de formación o capacitación a desarrollar, busca incorporar elementos innovadores al modelo educativo y por ende introducir cambios en la concepción del propio modelo. De lo contrario estaremos replicando de modo virtual los vicios de un modelo perimido y pernicioso.

En definitiva, el uso de las plataformas de educación a distancia va más allá de si la escogida ha sido ubicada en un ranking en buena posición por la cantidad de funciones que posee, su adaptabilidad, su nivel de usabilidad o bien hasta el reconocimiento de la empresa desarrolladora detrás. El punto clave es a qué modelo educativo se ajusta, al imperante o al que debería ser.

La plataforma en el aula

Desde el punto de vista educativo, solemos asumir que las plataformas de educación a distancia son herramientas para desarrollar instancias de formación precisamente a distancia, lo cual es correcto, lo que no solemos entender es que esa distancia puede ser perfectamente la de un salón de clase, un aula.
Estas herramientas son un apoyo valioso en el aula para los docentes, los educadores en general, donde al impartir clases pueden contar con el apoyo del abanico de funciones e instrumentos colaborativos de estas plataformas.

En una consecuencia interesante de este uso, se da cuenta que los educandos abandonan prácticas de uso distractoras de los dispositivos informáticos, desde ya que las propias computadoras de escritorio, laptops o tablets, se abocan a la tarea que está impartiendo el educador, pero también disminuye o se elimina el uso de celulares como dispositivo de distracción. Claro está, el educador es quién debe tener las habilidades para diseñar tareas atractivas, que entusiasmen y mantengan el interés por ellas, no es de recibo pretender que la propia plataforma por sí, logre esto.

Impactando en el modelo educativo

No hay recetas mágicas, y desde la perspectiva de las plataformas de educación a distancia, compete un pequeño aporte para apostar a un cambio del modelo educativo. Pero si no se suceden cambios profundos en las bases educativas, su concepción primigenia, la contribución desde estas plataformas, será fútil, transitoria o menguada.

Un impacto necesario es en la calidad educativa, en este sentido la gestión de la calidad exige que el diseño de todo producto, en este caso software, inicie sobre la premisa de conocer profundamente las necesidades y requerimientos que deberá satisfacer dicho producto. El problema es que esto no ha sucedido en las plataformas de educación a distancia y la inmensa mayoría surgieron fruto de la tecnología misma y para satisfacer necesidades comunicacionales y una colaboración sin base educativa. Claro que podríamos encontrar alguna excepción, pero la generalidad de estas plataformas dista mucho de surgir de un estudio profundo de la educación.

Pero no podemos señalar con el dedo exclusivamente a las plataformas y sus creadores, sino que el modelo educativo imperante en Latinoamérica y la mayoría del mundo occidental, tiene matices. Satisfacer las necesidades en estos matices, no parece tarea fácil. La orientación educativa, dentro del modelo preponderante, resulta de una conjunción compleja del currículo establecido, la tendencia andragógica de la autoridad en la materia pero también de aquella impuesta por el corporativo sindical y gremial, una pizca fruto de la población objetivo, el nivel socio-cultural promedio del país del cual se trata y un gramo de lo que los intelectuales locales logran introducir. Así que estas plataformas se enfrentan a un dilema entre todos estos intereses, matices y sabores, por lo cual es casi seguro que ninguna plataforma logre eficientemente satisfacer la totalidad de las necesidades y requerimientos educativos.

A todo esto, recordemos, como hemos dicho, que sumemos el hecho de que estas plataformas son desarrolladas desde la técnica y no desde la consulta a la comunidad de especialistas en educación, tanto para niveles básicos de niños y jóvenes como aquellos orientados a aplicar la pedagogía y andragogía en poblaciones infantes y adolescentes pero también maduras y ya como parte del contingente de ciudadanos productivos de una sociedad. Por lo cual las distancias entre las necesidades a satisfacer y las funcionalidades no es pequeña pero tampoco insalvable, sólo hace necesario repensar el desarrollo de las plataformas en cuestión.

Por otro lado está la calidad docente, este es un punto donde las plataformas de educación a distancia tienen una debilidad endémica, ninguna está pensada para evaluar al docente, al educador, sino al educando, a los estudiantes, aun cuando hemos visto instituciones que ofertan sus estudios bajo la modalidad E-Learning en la que evalúan el desempeño del tutor virtual generalmente en el tercer corte, y otras luego de cada semana del curso. Resulta para otros difícil la utilización de estas plataformas para esta tarea, haría falta la incorporación de diversas funciones que permitan una evaluación cruzada o multidimensional donde se conjugue tanto la visión de los educandos como de la propia institución educativa, donde estas evaluaciones deban ser fruto de un seguimiento de los docentes por parte de coordinadores, pares académicos, auditores académicos o la figura que se determine con el rol de realizar un monitoreo de los procesos educativos de cursos, asignaturas, materias o carreras completas, y hasta una autoevaluación del desempeño docente para tener una perspectiva de 360° del desempeño.

Los educadores y docentes, son profesiones que hasta fines del siglo pasado gozaban de ciertos privilegios en el hacer, principalmente a nivel universitario, más allá del currículo, su accionar poseía ante todo un respeto bien ganado, una confianza de las universidades y en consecuencia la tranquilidad en su desempeño. Muy rara vez, por no decir que nunca, la institución educativa se cuestionaba a sus docentes universitarios, en otras ocasiones la evaluación era consecuencia de abrir posibilidades de ascensos en cuanto a grados, prestigio o responsabilidades, por lo cual dicha evaluaciones no tenían el cometido de evaluar al docente como educador de aula, sino evaluar si conocía la asignatura, materia o tema del cual estaba dictando clases.

Centrándonos en las universidades, éstas pasaron de un contexto puramente geográfico hasta mediados del siglo pasado, donde dominaban casi con exclusividad un área geográfica de influencia, hasta la realidad hoy donde las universidades pelean por la captura de estudiantes en una geografía globalizada, donde un área de influencia se traslada en parte al ámbito digital, a las redes sociales y donde el marketing cobra relevancia para hacer rentable dicha casa de estudios.

En este escenario, la evaluación del educador, cobra importancia. La calidad docente pasa a ser un factor diferencial en un entorno muy competitivo y globalizado y algunas de las plataformas de educación a distancia no están preparadas para ello. Vinculado a la calidad de los docentes, educadores o profesores y maestros, la evaluación de rendimiento nos desafía a instrumentar contralores ya no sólo de la calidad de estos roles en materia general o completa, sino también más específica y granular en el desarrollo de un año lectivo, es decir a lo largo de una ciclo educativo, un año escolar o un semestre universitario.

El rendimiento docente se trata de un proceso sistemático, con indicadores, estándares nacionales e internacionales, diseñado para medir de forma objetiva el rendimiento laboral del docente en entornos, en este caso, virtuales.

Existe una dificultad inherente a la posibilidad de medición de las competencias de un educador, parte de desconocimiento y parte de que existe una carga importante de subjetividad. Se trata de una evaluación que puede estar sesgada o resultar tendenciosa según quien la realice. Todo depende del tipo de instrumento y los reactivos, ítems o preguntas que se hagan en dicho instrumento de valoración del desempeño académico, haciendo la salvedad de que cuando se hace esta evaluación, en muchas instituciones sólo se evalúan la percepción del educando.

Ahora bien, si estas plataformas no están preparadas para la evaluación docente, es claro que tampoco para hacerlo de manera más precisa en lo que a rendimiento refiere. Hoy más que nunca necesitamos desarrollar nuevas plataformas de educación a distancia pensadas desde lo educativo, desde lo pedagógico, con proyección hacia la aplicación de lo andragógico pues Latinoamérica padece de un envejecimiento poblacional preocupante, e incorporar funciones tanto atendiendo a las necesidades del aprendizaje del educando como de la calidad y rendimiento de los educadores, de lo contrario el impacto que lograremos en el modelo educativo será ínfimo y por supuesto transitorio.

Pero, lo precedentemente expuesto, no es de sencilla resolución. Estos problemas educativos y penando en las carencias de las plataformas de educación a distancia, tanto la ausencia y seguimiento, enfrentan la resistencia al cambio y la falta de voluntad de incorporación de estas funciones así como procedimientos que contextualicen estas mediciones objetivas y den como resultado nuevos caminos de adaptación y reforma del modelo educativo.
La actividad del educador, aquella desarrollada en este caso en entornos virtuales, propendiendo a facilitar el aprendizaje de los educandos, debe darse en determinado marco vinculante entre ambos roles.

Actualmente las instituciones educativas tienden a una visión de complementariedad entre el entorno virtual o el presencial, más que a una tendencia completamente virtualizada. Esto se basa en que es la modalidad más eficiente de adquirir conocimientos, con un alto nivel de comprensión y una apropiación adecuada del saber.

La tendencia educativa, luego del auge de la educación a distancia de la década de los 90’s, está teniendo un giro interesante, estableciendo nuevos parámetros respecto a esta modalidad educativa, entendiendo como una efectiva fórmula la dualidad de lo virtual y lo presencial.

Para el escenario virtualidad, el denominado Entorno Virtual de Aprendizaje o EVA, por lo general se usa de forma equivocada como sinónimo de plataforma de educación a distancia.

Un EVA incorpora a las plataformas de educación a distancia además de todas las herramientas que le sean complementarias, y esto incluye, aunque no taxativamente, el sitio web de la institución, una APP, si existiera, que puede ser la propia de la plataforma u otras que se integren e interactúen, software de ofimática en la nube, un mensajero o chat, almacenamiento en red o en línea, etc. Este es el conjunto de herramientas (y otras) que conforma efectivamente un EVA.

Los EVA deberían ser promotores de cambios sustanciales en el modelo educativo, sin embargo aún se los entiende simplemente como herramientas complementarias (sinónimo de las plataformas) para replicar los estilos, modalidades y vicios de lo presencial, llevando todo ello a los espacios virtuales. Este es un abordaje pobre, pues se menosprecia el potencial de un EVA para impactar en el modelo educativo y se lo toma como un espejo virtualizado de las prácticas educativas legadas.
No hace falta mencionar nuevamente que los EVA, con las plataformas de educación a distancia en ellos, son espacios que perfectamente podrían ser la materia prima de un cambio de modelo, pero deberían sucederse cambios dentro de la gestión educativa y los currículos para que así suceda.

Mirando el horizonte

Estamos frente a un escenario educativo donde el modelo ya no es capaz de recibir más actualizaciones, como si de un balón de fútbol defectuoso se tratara, la superficie hoy exhibe innumerables nuevos lienzos que pretenden remendar las pérdidas de aire y las fallas de fábrica, casi no es posible ver la superficie original del balón, no obstante sigue siendo un balón defectuoso debajo de tanta reparación y actualización.

Internet y por ende el entorno virtual, interroga constantemente al modelo educativo, de forma desordenada, quienes esgrimen cambios entre sus ideas, abogan por que los EVA y por supuesto las plataformas de educación a distancia, sean la base de dichos cambios.

Como mencionamos, este es un error, los cambios deben permear primero en la concepción misma de la educación de manos de las autoridades educativas, las que deben dar espacios a especialistas, innovadores y por supuesto transmitiendo la necesidad de estos cambios a los tomadores de decisión, desde las autoridades en la materia hasta los legisladores, quienes tendrán en sus manos la realización de las nuevas políticas y marcos normativo, ambos que proporcionarán sustentabilidad y trascendencia en el tiempo. De esta manera se convierte un modelo de educación en política de Estado.

La perdurabilidad de los cambios es un factor clave y el derribar las barreras corporativas de intereses debe confluir a un grupo común de los mismos. Estar de acuerdos en como afectar las bases del modelo educativo es tarea multidisciplinaria y multi institucional, asumir es el primer paso, lograrlo es el objetivo.
No se trata de una tarea sencilla, pero el estancamiento de una formación al estilo industrial, no es una opción viable, las nuevas generaciones deben prepararse en campos innovadores y sobre todo en dotarlas de herramientas intelectuales y cognitivas que les permita adaptarse a una realidad líquida que en muchos casos les espera con malas noticias, por ejemplo que la carrera o profesión escogida no existirá más al momento de egresar de la Universidad.

Esto requiere que las nuevas generaciones posean la capacidad de innovar, de arriesgar, de ser disruptivos, de imaginar una adecuación personal como profesionales, que deberá buscar nuevos espacios y adquirir nuevas competencias en tiempos breves. Estas capacidades necesarias hoy en la educación, desde los niveles iniciales, son contenidas, reprimidas o bloqueadas para producir educandos miméticos. Y volvemos a las excepciones, por supuesto existen, pero son marginales para el sistema y se encuentran contenidas en una institución educativa o un conjunto de éstas que advirtió la necesidad.

El problema es que detectar la necesidad de cambio no significa que sepamos identificar qué cambio es precisamente necesario, ahí está el desafío.

M.R; R.T.

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